Por qué nos da hipo: qué provoca ese “hip” y cuándo deja de ser normal
Empieza de repente. Estás comiendo, hablando o simplemente sentada y aparece ese primer “hip”. Después otro. Y otro. Aunque suele durar apenas unos minutos, entender por qué nos da hipo implica una pequeña cadena de acontecimientos entre la respiración, el diafragma y la garganta.
El hipo es, en la mayoría de los casos, un fenómeno pasajero y sin importancia médica. Comer demasiado, beber algo con gas, tragar aire o incluso una emoción repentina pueden favorecer que aparezca. Lo interesante es que el sonido característico no procede directamente del diafragma, sino de lo que ocurre inmediatamente después de que este se contraiga.
Contenido del artículo
Por qué nos da hipo: primero se mueve el diafragma
El diafragma es un gran músculo situado debajo de los pulmones y participa de forma fundamental en la respiración.
Cuando inhalas, normalmente se contrae y desciende para facilitar la entrada de aire. Durante el hipo ocurre una contracción involuntaria y repentina.
Pero esa contracción, por sí sola, no produce el famoso “hip”.
Justo después se produce un cierre rápido de las cuerdas vocales. Ese cierre interrumpe bruscamente el flujo de aire y genera el sonido característico.
Así que un episodio de hipo puede resumirse en dos movimientos encadenados:
contracción involuntaria del diafragma → cierre rápido de las cuerdas vocales → “hip”.
MedlinePlus describe precisamente estas dos partes como los componentes básicos del hipo.
¿Por qué puede empezar después de comer?
Muchas veces el hipo aparece alrededor de una comida.
Entre los desencadenantes habituales se encuentran comer demasiado, comer deprisa, tomar bebidas carbonatadas, consumir alcohol o tragar aire. Mayo Clinic también menciona cambios bruscos de temperatura y estados de excitación o estrés emocional entre los factores asociados a episodios breves.
Eso no significa que exista una causa identificable cada vez que tienes hipo.
Puedes terminar de comer y empezar inmediatamente, pero otras veces aparece sin que puedas señalar ningún desencadenante concreto.
Por eso, si ocurre ocasionalmente y desaparece en pocos minutos, no necesitas convertirlo en una investigación médica.
Sin embargo, resulta curioso observar que ciertas personas parecen tener desencadenantes bastante repetitivos: una comida muy abundante, beber muy rápido o tomar algo con gas.
Una pequeña prueba: qué ocurrió justo antes
Si eres de las personas a las que les da hipo con cierta frecuencia, puedes fijarte en tres cosas la próxima vez.
1. Qué estabas haciendo
¿Estabas comiendo? ¿Bebiendo? ¿Riéndote? ¿Hablando mientras comías?
2. Qué cambió justo antes
¿Tomaste una bebida con gas? ¿Comiste muy rápido? ¿La comida fue especialmente abundante?
3. Cuánto duró
¿Desapareció después de unos minutos o siguió durante horas?
No es un test médico. Simplemente ayuda a diferenciar un episodio cotidiano con un desencadenante bastante claro de un hipo que empieza a comportarse de una manera diferente a lo habitual.
¿Por qué el hipo se repite una y otra vez?
Una de las partes más desesperantes del hipo es que rara vez ocurre una sola vez.
Una vez activado el mecanismo, las contracciones pueden repetirse de forma rítmica durante unos minutos. No podemos decidir conscientemente cuándo aparecerá la siguiente, del mismo modo que no controlamos directamente otros reflejos automáticos.
Eso explica por qué decirte “deja de tener hipo” no sirve de mucho.
Tampoco significa que el diafragma esté funcionando mal permanentemente. En la inmensa mayoría de los episodios cotidianos, el mecanismo simplemente vuelve a estabilizarse y el hipo desaparece solo.
Mayo Clinic señala que, para la mayoría de las personas, un ataque dura únicamente unos minutos.
¿Funcionan realmente los trucos para quitar el hipo?
Beber agua fría, aguantar unos segundos la respiración, recibir un susto, tragar azúcar o beber de determinadas maneras forman parte del enorme catálogo popular de remedios contra el hipo.
El problema es que existe mucha más tradición que evidencia sólida.
MedlinePlus señala que se utilizan distintos remedios caseros, pero que no existe prueba de que funcionen de forma fiable para todo el mundo. Y hay una razón adicional para no obsesionarse con descubrir cuál fue “el truco”: la mayoría de los episodios habría desaparecido por sí sola después de unos minutos.
Si quieres hacer algo mientras esperas, puedes probar medidas sencillas y poco agresivas, como beber lentamente unos sorbos de agua.
Lo que no merece la pena es realizar maniobras arriesgadas, forzar excesivamente la respiración o utilizar técnicas extremas simplemente porque las viste en Internet.
Entonces, ¿por qué parece que un remedio sí funciona?
Imagina que llevas cuatro minutos con hipo.
Bebes agua y, treinta segundos después, desaparece.
Es perfectamente comprensible pensar: “el agua me lo quitó”.
Tal vez ayudó. Pero también existe otra posibilidad: el episodio estaba a punto de terminar de todas maneras.
Esto hace difícil evaluar los remedios caseros mediante nuestra propia experiencia. Como el hipo habitual suele desaparecer espontáneamente, podemos atribuir el final al último truco que probamos.
Esa es también una buena lección sobre causa y coincidencia: que dos acontecimientos ocurran seguidos no demuestra necesariamente que uno haya provocado al otro.
El hipo de unos minutos no es lo mismo que un hipo persistente
Aquí aparece la distinción más importante del artículo.
Un ataque ocasional que dura unos minutos es muy diferente de un episodio que continúa durante días.
Mayo Clinic recomienda solicitar valoración médica cuando el hipo dura más de 48 horas o cuando es tan intenso que dificulta comer, dormir o respirar.
Cuando dura tanto tiempo, los médicos pueden investigar otras posibles causas. Entre ellas se encuentran irritación o daño de los nervios relacionados con el diafragma, alteraciones del sistema nervioso central, problemas metabólicos y determinados medicamentos o sustancias.
Esto no significa que debas preocuparte cada vez que un episodio tarda media hora en desaparecer.
La duración es precisamente una de las pistas que separan el hipo cotidiano del que merece ser estudiado.
Los nervios también participan en este reflejo
El diafragma no se contrae aislado del resto del organismo.
Los nervios implicados en su control forman parte del mecanismo que permite que el cerebro coordine la respiración. Mayo Clinic señala que la irritación de los nervios vago o frénico puede estar detrás de algunos casos de hipo prolongado.
Este detalle ayuda a entender por qué, cuando el hipo dura mucho más de lo normal, la explicación puede ser bastante diferente de haber comido deprisa.
Un episodio de cinco minutos después de una comida y otro que continúa durante varios días pueden producir exactamente el mismo sonido, pero no necesariamente tienen el mismo significado médico.
Cuándo conviene consultar
La mayoría de las veces no tendrás que hacer absolutamente nada.
Pero conviene pedir valoración médica si:
- el hipo continúa durante más de 48 horas;
- interfiere considerablemente con el sueño o la alimentación;
- dificulta la respiración;
- o aparece junto con otros síntomas que te preocupan.
Los casos prolongados pueden llegar a producir agotamiento y dificultades para comer o dormir, de ahí que no se traten simplemente como una curiosidad cuando persisten.
Si, en cambio, tienes unos cuantos “hip” después de una comida y desaparecen solos, estás ante el tipo de episodio que experimenta habitualmente la mayoría de las personas.
Un sonido pequeño producido por una reacción muy rápida
Entender por qué nos da hipo resulta bastante más sencillo cuando separas sus dos componentes.
Primero aparece una contracción involuntaria del diafragma. Inmediatamente después, las cuerdas vocales se cierran y producen el sonido.
Comer demasiado, las bebidas con gas, tragar aire y otros factores cotidianos pueden favorecer episodios breves, aunque muchas veces nunca sabrás exactamente qué lo inició.
La próxima vez que aparezca puedes fijarte en tres detalles: qué estabas haciendo, qué ocurrió justo antes y cuánto duró.
Probablemente desaparecerá antes de que encuentres una explicación perfecta. Y, en el caso del hipo cotidiano, eso es precisamente lo normal.
