Cómo organizar la nevera para conservar mejor los alimentos
Saber cómo organizar la nevera no consiste únicamente en conseguir que todo quepa o que los estantes se vean ordenados. La posición de los alimentos también puede ayudar a conservarlos mejor, evitar contaminaciones cruzadas y hacer que aquello que tienes que consumir primero no termine olvidado detrás de tres tarros.
La Agencia Española de Seguridad Alimentaria y Nutrición recomienda mantener el frigorífico entre 0 y 5 °C, separar los alimentos crudos de los cocinados y guardar los productos de manera que los líquidos de carnes o pescados no puedan entrar en contacto con alimentos listos para consumir.
La buena noticia es que no necesitas reorganizar la nevera cada día. Con unas pocas reglas sencillas puedes mantener un orden bastante seguro y práctico.
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Cómo organizar la nevera: empieza por la temperatura
Antes de decidir dónde colocar cada yogur, hay algo más importante: comprobar que el frigorífico enfría correctamente.
La temperatura debería mantenerse entre 0 y 5 °C. El frío ralentiza el crecimiento de muchos microorganismos, aunque no los elimina por completo.
Si tu frigorífico permite regular la temperatura, no hace falta ponerlo al máximo “por seguridad”. Lo importante es comprobar que se mantiene dentro del intervalo adecuado.
También conviene evitar llenarlo hasta el punto de que no quede espacio entre los alimentos. El aire frío necesita circular para mantener una temperatura relativamente uniforme.
Y recuerda que abrir la puerta constantemente o dejarla abierta mientras decides qué vas a cocinar hace que entre aire caliente y obliga al aparato a recuperar después la temperatura.
En los estantes superiores: alimentos cocinados y listos para comer
Una regla fácil de recordar es que los alimentos que ya están preparados para consumir deben permanecer por encima de los alimentos crudos.
Aquí pueden ir, por ejemplo:
- sobras de comida ya cocinada;
- platos preparados;
- conservas abiertas que necesiten refrigeración;
- alimentos listos para comer.
La razón no es que la parte superior sea siempre exactamente la zona más fría. La distribución de temperaturas puede variar según el modelo de frigorífico.
El motivo principal es reducir el riesgo de contaminación cruzada.
Si un envase de carne cruda pierde líquido, es mucho mejor que se encuentre debajo de otros alimentos y no encima de una ensalada o unas sobras que vas a consumir directamente.
Carnes y pescados crudos: abajo y bien cerrados
Los alimentos crudos más perecederos, especialmente carnes y pescados, deberían guardarse en la parte inferior y protegidos dentro de recipientes o envases cerrados.
Así, si se produce una fuga, el líquido no cae sobre el resto de la comida.
Esto es especialmente importante porque un alimento listo para consumir puede no volver a cocinarse antes de llegar al plato. Si entra en contacto con microorganismos procedentes de carne o pescado crudo, no habrá posteriormente una cocción que ayude a eliminarlos.
También es recomendable descongelar los alimentos dentro del frigorífico y colocarlos en una zona inferior dentro de un recipiente que pueda recoger posibles líquidos.
Dejar una pieza de carne descongelándose durante horas sobre la encimera no es una buena alternativa.
Frutas y verduras: utiliza los cajones
Los cajones inferiores están diseñados precisamente para frutas y hortalizas.
Además de mantenerlas agrupadas, ayudan a crear unas condiciones de humedad diferentes de las del resto del frigorífico.
Un detalle que suele generar dudas es si conviene lavarlas antes de guardarlas.
AESAN recomienda no lavar frutas y verduras antes de introducirlas en el frigorífico, sino hacerlo antes de consumirlas. La humedad adicional puede favorecer su deterioro durante el almacenamiento.
Eso no significa que tengas que dejar restos visibles de tierra repartidos por la nevera. Si un producto está muy sucio puedes retirar el exceso superficial y guardarlo de manera que no contamine otros alimentos.
Pero el lavado completo es mejor hacerlo cuando vayas a utilizarlo.
La puerta no es el mejor sitio para cualquier alimento
La puerta experimenta más variaciones de temperatura porque se mueve cada vez que abres el frigorífico.
Por eso suele ser adecuada para productos menos sensibles a esos pequeños cambios, como algunas bebidas, salsas y condimentos que requieren refrigeración una vez abiertos.
En cambio, los alimentos especialmente perecederos se benefician de una zona más estable dentro del cuerpo principal del frigorífico.
Además, no necesitas seguir ciegamente una distribución universal. Algunos modelos modernos tienen compartimentos específicos con temperaturas diferentes.
Si tu frigorífico incluye cajones para carnes, zonas de 0 °C o compartimentos especiales, las instrucciones del fabricante deberían tener prioridad sobre cualquier esquema genérico de Internet.
El truco más útil: lo que caduca antes, delante
Una nevera puede estar perfectamente ordenada y aun así generar desperdicio si los alimentos que necesitas utilizar primero permanecen escondidos.
Cada vez que hagas una compra, mira lo que ya tienes antes de colocar los productos nuevos.
Si compras cuatro yogures y todavía quedan dos con una fecha anterior, coloca los nuevos detrás.
La misma lógica sirve para productos abiertos, quesos, fiambres o alimentos preparados.
Puedes pensar en una regla muy sencilla:
primero entra, primero sale.
Esto también ayuda a diferenciar qué productos requieren atención según su fecha de caducidad o consumo preferente, porque ambas fechas no significan lo mismo. AESAN explica que superar una fecha de consumo preferente afecta principalmente a la calidad si el producto se ha conservado correctamente, mientras que un alimento que ha superado su fecha de caducidad no debe considerarse seguro.
Las sobras necesitan fecha, no memoria
Un recipiente transparente con “algo de pasta” puede parecer fácil de recordar hoy.
Tres días después empiezan las preguntas:
“¿Esto lo hice el martes o el jueves?”
“¿Será todavía bueno?”
Por eso una pequeña etiqueta con la fecha de preparación resulta sorprendentemente útil.
No necesita ser bonita. Un trozo de cinta y un bolígrafo son suficientes.
También resulta mejor dividir grandes cantidades de comida cocinada en recipientes más pequeños que guardar una olla enorme. Las porciones pequeñas se enfrían más rápidamente.
Eso sí: no dejes la comida cocinada durante horas a temperatura ambiente esperando a que esté completamente fría. Los alimentos perecederos y las sobras deben refrigerarse pronto; AESAN recomienda hacerlo lo antes posible y señala que dividirlos en porciones facilita su enfriamiento.
Los recipientes cerrados hacen más de lo que parece
Guardar alimentos cubiertos no sirve únicamente para evitar que “cojan olor”.
Los recipientes cerrados ayudan a:
- reducir derrames;
- evitar contactos entre alimentos;
- limitar la pérdida de humedad;
- mantener la nevera más limpia;
- y saber mejor qué tienes almacenado.
Si utilizas recipientes transparentes, además puedes identificar el contenido sin tener que abrir cinco tapas.
Y no hace falta comprar un sistema completo de recipientes idénticos para tener una nevera segura.
Lo importante es que los alimentos estén convenientemente protegidos y que los envases sean apropiados para uso alimentario.
Una revisión de cinco minutos una vez por semana
En lugar de esperar a que la nevera se convierta en un misterio arqueológico, puedes hacer una revisión rápida una vez por semana.
1. Mira qué está abierto
Salsas, conservas, quesos o productos que quizá olvidaste después de utilizarlos una vez.
2. Revisa las fechas
Coloca delante aquello que deberías consumir antes.
3. Comprueba las sobras
Si no recuerdas cuándo preparaste algo porque no pusiste fecha, eso ya te dice qué hábito conviene mejorar.
4. Retira derrames
Limpiarlos cuando aparecen evita que terminen extendiéndose a otros recipientes o superficies.
5. Mira antes de hacer la compra
Quizá descubras que ya tienes tres pimientos, dos yogures y suficiente queso para toda la semana.
Esta pequeña revisión puede ayudarte tanto con la seguridad alimentaria como con algo mucho más cotidiano: comprar menos cosas que ya tenías.
Ordenar la nevera también puede reducir desperdicios
Saber cómo organizar la nevera no exige memorizar un plano perfecto de cada estante.
Puedes quedarte con cuatro principios:
frigorífico entre 0 y 5 °C; alimentos listos para consumir arriba; crudos perecederos abajo y protegidos; y lo que debe consumirse primero, delante.
Después utiliza los cajones para frutas y verduras, etiqueta las sobras y evita llenar el frigorífico hasta bloquear la circulación del aire.
Una nevera bien organizada no hará que los alimentos duren eternamente.
Pero sí puede ayudarte a conservarlos en mejores condiciones, reducir el riesgo de contaminación cruzada y evitar descubrir una semana después aquello que compraste y nunca llegaste a ver.
