Por qué se contagian los bostezos: qué sabemos realmente
Ver a alguien bostezar puede ser suficiente para que, pocos segundos después, tú también abras la boca. A veces ni siquiera hace falta verlo: leer sobre bostezos o pensar en ellos puede despertar las ganas de hacerlo. Entender por qué se contagian los bostezos parece sencillo hasta que intentamos explicar qué mecanismo produce exactamente esa reacción.
El bostezo contagioso está bien documentado en humanos y también se ha observado en otras especies. Sin embargo, todavía existen preguntas abiertas sobre su función y sobre qué factores hacen que unas personas respondan más que otras.
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Por qué se contagian los bostezos cuando vemos a otra persona
El bostezo espontáneo y el bostezo contagioso no empiezan exactamente de la misma manera.
Puedes bostezar porque tienes sueño, acabas de despertarte o estás atravesando un cambio en tu nivel de activación. En el bostezo contagioso, en cambio, existe un estímulo externo: vemos, escuchamos o incluso pensamos en otra persona bostezando.
El cerebro detecta ese comportamiento y, en algunas ocasiones, aparece la misma respuesta en nosotros.
No hace falta que decidas imitarlo. De hecho, una de las características más curiosas del fenómeno es precisamente que puede sentirse bastante automático.
La investigación ha demostrado que presentar imágenes o vídeos de bostezos aumenta la probabilidad de que algunas personas también bostecen, aunque no todas responden de la misma manera.
La atención importa más de lo que parece
Para que un bostezo pueda “contagiarse”, primero tienes que detectarlo.
Parece obvio, pero es importante porque algunos estudios sobre este fenómeno pueden verse afectados por cuánto presta atención cada participante al estímulo.
Si estás mirando directamente una cara que bosteza, tienes más posibilidades de procesar el movimiento que si ocurre en una esquina de la pantalla mientras estás concentrada en otra cosa.
Esto es una de las razones por las que los investigadores intentan controlar la atención cuando estudian el bostezo contagioso. Una revisión crítica sobre su relación con la empatía incluso señala la atención como uno de los posibles factores que pueden confundir los resultados.
Así que antes de interpretar el bostezo como un comportamiento social muy complejo, existe un primer requisito bastante básico: haber detectado el bostezo de otra persona.
¿Los bostezos se contagian porque somos empáticos?
Esta es probablemente la explicación más conocida.
Durante años, distintos estudios han explorado si las personas con mayor empatía tienen también más tendencia a contagiarse de los bostezos. Algunos trabajos sí han encontrado asociaciones entre ambas cosas. Por ejemplo, dos estudios de laboratorio publicados en Journal of Experimental Psychology observaron una relación entre determinadas medidas de empatía y el bostezo contagioso.
Pero esto no permite concluir que bostezar sea una prueba de empatía.
Una revisión científica dedicada precisamente a esta cuestión encontró resultados inconsistentes y señaló que la evidencia disponible no permite equiparar de manera sencilla bostezo contagioso y empatía. Entre los posibles problemas aparecen diferencias metodológicas, atención al estímulo y otros factores individuales.
Por eso, si alguien no bosteza después de verte hacerlo, no significa que sea una persona poco empática.
Y si tú bostezas inmediatamente, tampoco acabas de aprobar un examen psicológico de sensibilidad emocional.
Incluso podemos contagiarnos del bostezo de otros animales
Aquí aparece una curiosidad que complica todavía más la explicación basada únicamente en cercanía emocional.
Un estudio de 2022 mostró a participantes humanos imágenes de bostezos procedentes de distintos grupos de animales, desde reptiles y aves hasta primates, perros y gatos.
Los participantes bostezaron significativamente más ante los estímulos de bostezo que ante las imágenes de control. Además, la respuesta no aumentó claramente porque el animal fuera evolutivamente más próximo al ser humano o porque se tratara de animales domésticos.
Esto sugiere que el mecanismo puede activarse ante representaciones bastante variadas de un bostezo.
No significa que todas las especies provoquen exactamente la misma reacción ni que ya conozcamos el mecanismo definitivo. Pero sí demuestra que la respuesta puede ser más flexible de lo que parecería si dependiera únicamente de sentir una conexión emocional con quien bosteza.
Una pequeña observación: estímulo, atención y estado
La próxima vez que alguien te contagie un bostezo puedes fijarte en tres cosas.
1. Estímulo
¿Qué lo inició?
¿Viste a alguien bostezar, lo escuchaste o simplemente comenzaste a pensar en ello?
2. Atención
¿Estabas mirando directamente o apareció mientras hacías otra cosa?
3. Estado
¿Ya tenías sueño o estabas perfectamente despejada?
No es un experimento científico y no permitirá descubrir por qué bostezaste en una ocasión concreta. Pero sirve para recordar que el fenómeno no ocurre aislado: pueden coincidir el estímulo social, tu nivel de atención y tu propio estado fisiológico.
Por ejemplo, ver un bostezo cuando estás agotada podría no sentirse igual que verlo después de despertarte completamente descansada.
No todos nos contagiamos igual
Quizá hayas estado en una habitación donde una persona comienza a bostezar y varias la siguen mientras otras no reaccionan en absoluto.
Eso es normal.
Los estudios muestran bastante variabilidad individual. Algunas personas responden con facilidad a estímulos de bostezo y otras mucho menos.
También existen diferencias según la edad y otras características individuales, aunque todavía se investiga cuánto pesa cada factor.
Por eso es arriesgado utilizar una reacción tan variable para sacar conclusiones sobre la personalidad de alguien.
“No se le contagió mi bostezo” aporta información sobre ese momento concreto. No permite concluir que esa persona sea fría, poco empática o que no esté conectada contigo.
¿Para qué serviría que un bostezo fuera contagioso?
Aquí entramos en un terreno donde todavía existen hipótesis.
Se ha propuesto que el bostezo contagioso podría estar relacionado con formas de sincronización social o con cambios compartidos en el nivel de alerta de un grupo. Algunos investigadores han planteado que sincronizar determinados estados podría tener ventajas para animales sociales.
Pero conviene expresarlo correctamente: es una explicación propuesta, no un hecho definitivamente demostrado.
También siguen estudiándose los mecanismos cerebrales involucrados y por qué la susceptibilidad cambia entre personas y especies.
Precisamente por eso el bostezo contagioso continúa siendo interesante: es extremadamente cotidiano, fácil de reconocer y, sin embargo, todavía no tenemos una explicación única que cierre todas las preguntas.
Un bostezo contagioso no es una prueba de personalidad
Entender por qué se contagian los bostezos exige separar lo que sabemos de las explicaciones atractivas pero demasiado simples.
Sabemos que ver bostezar a otra persona puede aumentar la probabilidad de bostezar. Sabemos que la atención importa y que la respuesta no ocurre igual en todas las personas. También sabemos que el fenómeno puede producirse incluso ante bostezos de otros animales.
Lo que no podemos afirmar es que cada bostezo contagioso sea una demostración directa de empatía.
Así que la próxima vez que alguien bostece y tú lo hagas inmediatamente después, puedes fijarte en tres elementos: qué estímulo viste, cuánta atención le prestabas y cómo te encontrabas en ese momento.
Probablemente seguirás bostezando igualmente. Pero al menos sabrás que detrás de ese gesto aparentemente simple todavía hay preguntas que la ciencia continúa investigando.
